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Tlatelolco, genocidio o crimen político

  • Foto del escritor: Verónica Trávez
    Verónica Trávez
  • 12 jul 2018
  • 2 Min. de lectura


A lo largo de la historia, la humanidad, ha sido testigo de casos en donde, sobre todo dirigentes políticos o militares, han decidido acabar con la vida de inocentes dando así inicio a los casos de genocidio más recordados.


En 1948, las Naciones Unidas aprobó la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio (CPSDG) en donde, en primer lugar se reconoce a este como un delito de Derecho de Gentes, ya sea cometido en tiempo de paz o en tiempo de guerra y además los estados se comprometen a prevenir y sancionar.


Categorizar los eventos históricos como genocidios o delitos causados por comportamientos inhumanos, no es una tarea fácil, por tal razón, el CPSDG define en su artículo 2 al genocidio como la destrucción sistemática y deliberada de un grupo étnico, racial o nacional ya sea de todo el grupo o una parte de ellos, a través de actos como lesiones graves a la integridad física o mental de los miembros del grupo; sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo; traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.


Un ejemplo de un genocidio es la “Matanza de Tlatelolco”, una de las más grandes que se ha registrado en México hasta la actualidad, en donde se estima que, cientos de ciudadanos, en su mayoría estudiantes, perdieron la vida a causa de las represiones de las fuerzas policiales.


El 2 de octubre de 1968, el Consejo Nacional de Huelga, conformado por estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional, profesores, intelectuales, amas de casa, obreros y profesionales se reunieron en la plaza de las 3 culturas en la ciudad de México para protestar en contra del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz por el irrespeto a los Derechos Humanos, a las libertades civiles y la autonomía universitaria, así como el difícil acceso a la salud, educación, empleo y alimentación; y la organización de los Juegos Olímpicos en medio de dificultades. A pocos minutos de iniciada la protesta, un helicóptero del ejército mexicano lanzó unas bengalas sobre la multitud, y a esta señal, militares del, paramilitares del denominado Batallón Olimpia, grupo de choque creado por el gobierno mexicano para garantizar la seguridad en los XIX Juegos Olimpicos, la Dirección Federal de Seguridad y la entonces llamada Policía Secreta abrieron fuego en contra de los manifestantes que se hallaban en el lugar, ocasionando la muerte de entre 300 y 500 personas, de acuerdo a medios locales.


Las cifras oficiales de esta matanza nunca salieron a la luz sin embargo esta, como muchos otros ataques contra ciudadanos mayoritariamente jóvenes y mujeres, evidencian la participación del Estado y la impunidad que esto conlleva.

 
 
 

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